Sensualidad y vitalismo
Sostiene Pereira
Pierre-Henry Gomont
Astiberri. Bilbo. 2017.
La versión de una obra, de un medio a otro, es un recurso que la industria cultural usa con tanta frecuencia como con poca fortuna. Aquello que relacionaba la traducción con la traición se cumple en una mayoría de versiones. que no aportan nada específico a la obra original cuando no la devalúan. Y es que acertar en la versión implica por una parte no sólo respetar sino saber trasvasar la integridad de la esencia del contenido y por otro lado encontrar en el nuevo lenguaje el eco del ritmo y de la sustancia del originario. Y esto precisamente es lo que ha conseguido Pierre-Henry Gomont en esta recreación de la reconocida novela de Antonio Tabucchi: Sostiene Pereira, una versión que se disfruta, y mucho, plásticamente al tiempo que transmite, con igual intensidad y riqueza de matices, el mensaje primigenio.
Sostiene Pereira se inscribe en un marco histórico y geográfico tan concreto como generalizable en el espacio y el tiempo. No en vano lo que narra sucede en el marco de la dictadura salazarista-fascista en Portugal,  mientras se desarrolla la guerra civil en España y se incuba la IIª Guerra Mundial. Un tiempo de grandes enfrentamientos, de incertidumbres, miedos, odios… En este sentido el dilema que perturba y sobre el que gira la narración: actuar sobre la realidad,  es decir comprometerse, y arriesgarse, o evadirse de ella, sigue siendo actual, muy actual.
Pereira, el protagonista, es viudo y hace tiempo que dejó de ser joven, dedica sus afanes profesionales al periodismo especializado en temas culturales y sobre todo a traducir escritores franceses. Ese status cómodo y en cierto modo aislado de las turbulencias de su tiempo se verá trastocado por la irrupción en su mundo de la juventud. En ese periodo de posiciones maximalistas, él en cambio, tanto por su trabajo como por su forma de ser, da mucha importancia a los matices, y estos serán los que provocarán su evolución personal y son los que se reflejan gráfica y narrativamente en este libro.
Una de los grandes aciertos de Pierre-Henri Gomont es el de conseguir que el tono de su grafismo sintonice en proximidad y calidez  con el de la escritura de Antonio Tabucchi. El tratamiento de las imágenes, el color, la planificación de las páginas, el uso imaginativo de recursos no sólo nos acercan a la personalidad de un personaje solitario e introspectivo sino que nos sumergen en su universo, nos hacen sentirnos partícipes de lo que ve, lo que siente y lo que piensa.  De esta forma compartimos las sensaciones físicas de el azul del cielo diáfano lisboeta, ese azul que casi hiere los ojos,  la necesidad de la brisa, el ansia de comer… Pero también interiorizamos la proximidad de los recuerdos, la presencia de la ausencia y las dudas ante un mundo exterior que poco a poco invade sus territorios más íntimos.  El tratamiento del color,  siempre con tonos cálidos, recrea  las cambiantes atmósferas que envuelven a nuestro protagonista y sobre todo nos comunica el calor de la sensualidad y la fuerza del vitalismo que vertebran el relato..
Pepe Gálvez 

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